Por la ventana veo un cielo que no veré por tiempo, desde tan alto, cuando ameza.
De repente tantos kilómetros de frente abierto, de aire, luz y sol, se transforman en un patio de luces y la ventana bloqueada por un ascensor.
Empezar de cero, pero de una forma bestial.
Ahora he de aprender a mirar el mundo que me rodea con los ojos de un bebé, que descubre las cosas por primera vez.
Por aquí todos creen conocer a esa mujer de 45 años. Pero no hay una persona en la faz de la tierra que se haya molestado en hacerlo.
Sinceramente me cansé de hablarle a un mundo de sordos y de darme cuenta tarde, de que cuando hablé, no sé me escuchó.
Renuncio a formar parte de este mundo y vengo aquí a crear otro. Ni mejor, ni peor. Suficiente con que sea mío.
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